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lunes, 4 de julio de 2016

5.1-5.2-5-5 PROYECTO COLECTIVO


5.1-5.2-5.5  EL MUNDO ENTRE DOS GIGANTES. 1945-1990.
  • EL MUNDO TRAS LA GUERRA: ¿QUÉ QUEREMOS PREGUNTAR?
  • ¿QUÉ SABEMOS DE LA GUERRA FRÍA?
  • ¿CÓMO SE VIVIÓ LA GUERRA FRÍA?
  • ¿SE DERRUMBA UN GIGANTE?

En este proyecto colectivo os convertiréis en expertos del periodo estudiado: 1945-1990.
En la primera subtarea os convertiréis en profesores al diseñar actividades interactivas con Educaplay sobre el periodo posterior a la Segunda guerra mundial, analizando la formación y desarrollo de los dos bloques enfrentados en la guerra fría de acuerdo con un guión que os damos.
En la siguiente subtarea analizaréis la guerra fría,  en primer lugar a través del comentario de textos. En segundo lugar realizaréis una línea del tiempo de DIPITY un tanto peculiar al reflejar en ella la vida de dos personajes, el presidente de EEUU, Kennedy y la vida de la hija de Stalin. Debéis explicar a través de sus vidas, los hechos más destacados de la guerra fría.
Por último os convertiréis en analistas del derrumbe de uno de los dos bloques, la URSS, analizando textos.
Como podéis observar se trata de un proyecto completo en el que analizaréis los cambios políticos, sociales e ideológicos del periodo estudiado, y su relación con los problemas de la actualidad.
Todos los miembros del grupo debéis colaborar y exponer una parte de cada una de las subtareas. Es decir, no podéis repartirlas, al contrario, debéis compartirlas.  


  1. PRIMERA TAREA: ¿QUÉ QUEREMOS PREGUNTAR?

  1. Introducción.


Imagínate que eres periodista y te toca hacer preguntas para la realización de un programa de TV de características similares a las del programa Tengo una pregunta para usted.
Eso es lo que te vamos a pedir en esta Tarea, pero para ayudarte en la misma te vamos a ofrecer una buena documentación al respecto (el tema que te hemos elaborado) y una ficha con el argumento que hemos seguido para elaborarlo.
Ánimo, esto está hecho.

2. Recursos necesarios

Sólo necesitarás un poco de concentración y el material que te hemos desarrollado. Educaplay.

3. Desarrollo de la Tarea
Si recuerdas el tema está dividido en dos grandes bloques: capitalista y comunista. En cada uno de ellos contamos los acontecimientos más significativos en un periodo que se conoce como “Guerra Fría”.
Te vamos a ofrecer una ficha recordatorio y tú deberás elaborar una batería de cinco preguntas cortas y responderlas por cada una de las fichas.

En el bloque capitalista, capitaneado por los EEUU

En el bloque comunista liderado por la URSS

No olvides formular tus preguntas al respecto y contestarlas


4. Formato y procedimiento de entrega.
Reúne las tareas en un documento DRIVE.


  1. SEGUNDA TAREA: ¿QUÉ SABEMOS DE LA GUERRA FRÍA?

Introducción
Otra manera de conocer la realidad
Azul, rojo y algo de verde. Fotografía de disgustipado en flickr, http://www.flickr.com/photos/disgustipado/2945386184/

Recuerda el mapa que acompaña esta unidad. El rojo representa el bloque comunista, el azul el bloque capitalista. El verde, aquellos territorios que ansían conseguir la independencia.
La Guerra Fría que comienza en Europa se convierte en el intento del rojo y el azul por cubrir el verde, como en el caso de la fotografía.  
   

  1. Recursos necesarios
Debes utilizar el material que te hemos elaborado sobre la Guerra Fría

   2. Desarrollo de la Tarea

Hemos buscado textos que relacionan lo que hemos estudiado con la actualidad. Intenta comentar cada uno de ellos. Para ello debes:
1.- Explicar a qué fase de la Guerra Fría pertenece
2.- Explicar brevemente el desarrollo del conflicto al que se refiere
3.- Presentar a los personajes protagonistas
4.- Hacer un breve resumen del texto
5.- Relacionarlo con acontecimientos, personajes y lugares de la actualidad.

Texto 1

La guerra de Corea no terminó en 1953

Empezó por «solidaridad y compasión» su aventura norcoreana en una feria de turismo organizada en Madrid hace 20 años. Alejandro Cao de Benós de Les y Pérez (Tarragona, 1974) es el «primer y único representante de Corea del Norte en el exterior» desde 2002. De linaje noble, aunque sus tres títulos no están habilitados, valora en conversación telefónica el último desafío de Pyongyang.
-¿Por qué un segundo ensayo nuclear de Corea del Norte?
-Es parte de nuestro sistema defensivo preventivo frente a EE.UU. Con Obama parecía que había atisbos de métodos pacíficos pero hemos vuelto otra vez a los tiempos de Bush.
-Pero China o Rusia también lo han condenado.
-Tienen varias caras e intereses comerciales con EE.UU. Una cosa es lo que dicen a la prensa y otra la realidad.
-¿Teme un ataque de EE.UU., Japón o Corea del Sur?
-Todavía estamos en guerra con EE.UU. La guerra de Corea no acabó en 1953, tenemos un armisticio pero Washington se reserva el derecho a reemprender la guerra cuando lo desee, jamás ha querido firmar el tratado de paz definitivo.Corea del Norte no se va a arrodillar ante nadie.
-¿Qué potencial militar tiene Corea del Norte?
-Un millón de soldados regulares y siete millones de irregulares que conforman la Guardia Roja. Luego está el resto de la población, desde las mujeres a los niños todos están listos para la guerra.
-¿Cómo se encuentra Kim Jong-il? ¿Quién le sucederá?
-Nuestro líder se encuentra en perfecto estado de salud, seguirá gobernando.
-¿Cómo es la vida en la Corea del Norte?
-A pesar de la tensión y abusos cometidos contra Corea, la gente es pacífica, humilde y hospitalaria. Es un país sin globalizar o sin americanizar, se trata de un pueblo que conserva sus tradiciones como hace cien años. No existe el desempleo o el analfabetismo. Existe un socialismo real y auténtico.




    Texto 2

La guerra de Vietnam duró catorce años, de 1961 a 1975. El Frente de Liberación de Vietnam del Sur se formó el 20 de diciembre de 1960, unas seis semanas después de que John F. Kennedy fuera elegido presidente de Estados Unidos. A comienzos del año siguiente, Kennedy lanzó a la guerra las Fuerzas Especiales , violando los acuerdos de Ginebra de 1954. Luego vino la escalada de Lyndon B. Johnson, a fines de los años 60, con el bombardeo del norte de Vietnam y de Hanoi. A continuación se produjo la "vietnamización" de la guerra, decidida por Richard Nixon. Por último, el gobierno pro-estadounidense de Saigón y su ejército cayeron el 30 de abril de 1975.
Este conflicto fue el tema más ampliamente tratado por la televisión en toda la historia de las informaciones televisadas en Estados Unidos. El sociólogo George Bayley efectuó un estudio muy preciso (1) sobre la forma en que las tres grandes redes televisivas estadounidenses (ABC, CBS, NBC) dieron cuenta de esta guerra durante el periodo 1965-1970.
Casi la mitad de las informaciones sobre la guerra estaba referida a las acciones de la infantería sobre el terreno y a las actividades de la aviación. Cerca de un 12% de esas noticias eran citas oficiales de los dos gobiernos (Saigón y Washington). Sólo el 3% del conjunto de las informaciones difundidas daba el punto de vista del "enemigo". Ese porcentaje indica bastante explícitamente hasta qué punto la televisión estadounidense fue parcial en su versión de los acontecimientos.
También se minimizó el impacto que la guerra tuvo dentro de Estados Unidos, el rechazo que despertó, fundamentalmente entre los jóvenes, generando manifestaciones antibelicistas, marchas por la paz y protestas universitarias. Respecto de esta parcialidad, George Bayley señala: "Prácticamente todos los resúmenes diarios de los combates provenían de los servicios de relaciones públicas del ejército". Sólo en el año 1971, esos servicios habían gastado más de 200 millones de dólares para presentar a los ciudadanos estadounidenses la mejor imagen posible del ejército.
Documentales contra una guerra sucia por Ignacio Ramonet en http://www.saladeprensa.org/art136.htm


    Texto 3:

   Cuba: Otra visión sobre la crisis de los misiles
LA HABANA.- En la revisión de uno de los capítulos más recordados de la Guerra Fría, el gobierno cubano de Fidel Castro expresó ayer que hubiese preferido enfrentar una agresión estadounidense al emplazamiento de los cohetes soviéticos en su territorio, en 1962, cuando se desató la llamada crisis de los misiles que pudo haber provocado una tercera guerra mundial.
En la segunda conferencia de los protagonistas de ese grave acontecimiento, del cual se cumplen 40 años, el gobierno cubano sostuvo que no miró con agrado el emplazamiento en su territorio de los proyectiles con ojivas atómicas que apuntaban al este de Estados Unidos. "No se pensó nunca en los cohetes para la defensa de Cuba", dijo Fidel Castro durante la conferencia, según explicó a la prensa Esteban Morales, del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana.
La propuesta de Moscú
Morales participa de las sesiones junto a los protagonistas de aquella crisis de octubre, entre ellos el ex secretario de Defensa del entonces presidente John F. Kennedy, Robert McNamara, y ex funcionarios y militares rusos. Morales relató que, en una entrevista, Castro le dijo a un mariscal de la comitiva soviética que, con "una declaración fuerte y clara", alertando que una agresión norteamericana a Cuba podría provocar un enfrentamiento con la URSS, sería suficiente.
Entonces, los soviéticos le propusieron a Cuba la posibilidad de instalar los misiles en la isla. El líder cubano no contestó de inmediato, pero "captó inmediatamente que se estaba pidiendo un determinado apoyo desde el punto de vista estratégico", dijo Morales. El especialista cubano recordó que en una reunión posterior de la dirección del gobierno antillano se aceptó la propuesta soviética, "porque el campo socialista apoyaría a Cuba y por solidaridad".


     Texto 4:

       Tragedia anticipada
Se sabe hoy que los líderes soviéticos temían invadir un país como Afganistán.
El jefe de gobierno Alexei Kosygin incluso comparó los planes afganos con la guerra de Vietnam y el nefasto resultado que obtuvo EE.UU.
"Será efectivamente un conflicto con su propia gente", dijo en marzo de 1979 al líder afgano Nur Mohamed Taraki.
"Si nuestras tropas invaden, la situación en su país no sólo no mejorará sino que empeorará", agregó.
Esta sensación de desastre inevitable fue captada por el corresponsal Gennady Bocharov, quien escribió sobre la "profunda depresión" que siempre sentía en Afganistán.
"Lo que es más sorprendente es que la mayoría de los soviéticos siente lo mismo", escribió.
Los gobernantes afganos post-Talibán han establecido vínculos con el gobierno de Vladimir Putin, pero las heridas de la guerra permanecen abiertas.
Estados Unidos necesitó 25 años para que un presidente regresara a Vietnam, un gesto de reconciliación, pero incluso en esa ocasión Bill Clinton evitó una disculpa.
Las heridas psicológicas de la guerra de Moscú en Afganistán son igual de profundas.
P. Jackson en BBC news en http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_4112000/4112731.stm

       
3. Formato y procedimiento de entrega

Redacta la tarea en un documento de DRIVE.

  1. TERCERA TAREA: ¿CÓMO SE VIVIÓ LA GUERRA FRÍA?

LA TAREA

... tu línea de tiempo

En esta tarea debes realizar una línea del tiempo de Dipity con las etapas y los hechos más destacados de la Guerra Fría pero de una forma algo especial.

Lo que tenéis que hacer es realizar la línea dando dos puntos de vista el de la hija de Stalin y el del presidente de EEUU Kennedy. Los hechos más destacados de sus vidas deben estar reflejados en la línea del tiempo y debéis explicar a través de sus vidas los acontecimientos más destacados de la Guerra Fría.

Para realizar la tarea os dejamos las dos biografías:

La hija de Stalin.


La hija de Stalin, Svetlana Alilúyeva (1926-2011)


Iosif Stalin, el dictador ruso conocido por su política de purgas y terror en la Rusia soviética, tuvo varios hijos. De todos ellos, Svetlana fue sin duda su hija predilecta. En varias imágenes familiares se inmortalizó esa relación paterno-filial que se rompió cuando Svetlana se hizo mayor y descubrió quién era en realidad aquel hombre que la quería y la colmaba de regalos. Desde entonces, la vida de Svetlana Stalina fue un constante viajar por el mundo buscando su lugar y huyendo de la larga sombra del recuerdo de su padre. Este vagar por distintos países provocó un conflicto diplomático entre los bloques de Oriente y Occidente en plena Guerra Fría.
Nací el 28 de febrero de 1926 en Moscú. Soy la hija pequeña de Stalin y mi madre es su segunda esposa, Nadezhda Allilúyeva. Mi padre no tuvo nunca reparos en mostrar su total predilección por su mí, denostando y maltratando a sus dos hijos. Mientras Rusia vivía sumida en la dictadura comunista de mi padre, yo disfrutaba de una existencia privilegiada. No sólo recibí una buena educación, sino que nunca me faltó de nada.
A los doce años, sufrí el primer golpe mi su vida al morir mi madre. Se me explicó que había fallecido a causa de una apendicitis pero lo cierto fue que mi madre se suicidó. Una verdad que me fue ocultada hasta que cumplí los diecisiete años. Fue entonces cuando empecé a darme cuenta de quién era en realidad mi padre. En el ámbito familiar, sufrí por el trato que recibían mis dos hermanos, Yakov y Vassily. Mientras que Yakov, quien había intentado suicidarse, era ejecutado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, sin que mi padre hiciera nada por evitarlo, Vassily recibió de mi padre todo tipo de humillaciones.


Cuando experimenté mi primer amor, experimenté también por vez primera, la ira de mi padre en primera persona. Me había enamorado de Aleksei Kápler, un director de cine de origen judío, algo que no gustó en absoluto a Stalin quien, después de cargar contra mi, envió al desdichado pretendiente preso a Siberia. Ya fuera casualidad o no, el siguiente en entrar en mi corazón fue también de origen judío. Esta vez me casé con Grigori Morózov, a pesar de la negativa de mi padre a reconocerlo como yerno. Por desgracia, poco después de dar a luz a mi primer hijo, al que puse el nombre de Iósif, me separé de Grigori.

En 1949 me casaba por segunda vez. Mi marido, Yuri Zhdánov, era hijo de Andréi Zhdánov, uno de los altos cargos del partido comunista y me había sido impuesto por mi padre. Un año después nacía mi hija Yekaterina y al poco tiempo me divorciaba.



En 1953 falleció mi padre y mi vida iba a dar un nuevo giro. Con la subida al poder de Nikita Jrushchov, el régimen de mi padre fue denunciado públicamente. Entonces me cambié el apellido y asumí el de mi madre, mientras intentaba ganarme la vida como maestra y traductora a la vez que empezaba mi inacabable lucha contra la sombra del recuerdo de mi padre.


Cuando en 1963 conocí a un comunista indio llamado Brajesh Singh, viví uno de los momentos más felices de mi vida, a pesar de que las autoridades rusas no me permitieron nunca casarme con él. Mi felicidad duró muy poco porque Singh falleció en 1966. Fue entonces cuando abandoné por primera vez la Unión Soviética con destino a la India para esparcir las cenizas del hombre del que me había enamorado. Una vez en la India, decidí no volver a Moscú y pedí asilo político en la embajada de los Estados Unidos en Nueva Delhi. A pesar del conflicto diplomático que podía suponer acoger a la hija de un enemigo de Norte América en plena Guerra Fría, conseguí aterrizar en Nueva York en abril de 1967. En el aeropuerto John Fitzgerald Kennedy fui recibida por un aluvión de periodistas que esperaban con gran expectación a la hija de Stalin.

En los Estados Unidos conseguí publicar mi obra autobiográfica, Veinte cartas a un amigo, y empezar una nueva vida como Lana Peters. En una rocambolesca situación en la que una mujer creyó ver en mi la reencarnación de su propia hija fallecida en un accidente de tráfico, consiguió que me casara con el viudo de su hija, William Wesley Peters, con quien tuve a mi tercera hija, Olga. Este nuevo matrimonio tampoco fructificó y me marché a vivir con Olga a Inglaterra.

A pesar de que en los Estados Unidos y en mi propia autobiografía había denunciado el régimen de mi padre y el comunismo en la Unión Soviética, en 1984 decidí volver a Moscú donde intenté reencontrarme con mis hijos. Pero mientras Yekaterina no quiso volver a verme, la relación con Iósif pronto se rompió. En 1986 regresaba a los Estados Unidos. Me instalé en Wisconsin donde fallecí el 22 de noviembre de 2011. Mi hija Olga esparció mis cenizas en el océano.



John F. Kennedy


Personaje fascinante y contradictorio, John F. Kennedy es uno de los políticos estadounidenses más recordados de la segunda mitad del siglo XX.

John Fitzgerald Kennedy (Brookline, Massachusetts, 29 de mayo de 1917 – Dallas, Texas, 22 de noviembre de 1963) fue el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos. Fue conocido como John F. Kennedy, Jack Kennedy por sus amigos y popularmente como JFK.

Elegido en 1960, Kennedy se convirtió en el presidente más joven de su país, después de Theodore Roosevelt. Ejerció como Presidente desde el 20 de enero de 1961 hasta su asesinato el 22 de noviembre de 1963. Durante su gobierno tuvo lugar la invasión de Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles de Cuba, la construcción del Muro de Berlín, el inicio de la carrera espacial y la consolidación del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, así como las primeras acciones estadounidenses en la Guerra de Vietnam.


Durante la Segunda Guerra Mundial, destacó por su liderazgo como comandante de la lancha torpedera PT-109 en el área del Pacífico Sur. Realizando un reconocimiento, la PT-109 fue impactada por un destructor japonés, que partió la lancha en dos y ocasionó una explosión. La tripulación a su cargo logró nadar hasta una isla y sobrevivir hasta ser rescatada. Esta hazaña le dio popularidad y con ella comenzó su carrera política. Kennedy representó al estado de Massachusetts como miembro de la Cámara de Representantes desde 1947 hasta 1953, y luego como senador desde 1953 hasta que asumió la presidencia en 1961. Con 43 años de edad, fue el candidato presidencial del Partido Demócrata en las elecciones de 1960, derrotando a Richard Nixon en una de las votaciones más ajustadas de la historia presidencial del país. Tras convertirse en el primer católico que accedía a la presidencia de Estados Unidos, impulsó una política de reformas destinadas a recuperar para su país la primacía mundial, puesta en duda por los éxitos espaciales soviéticos. Sus proyectos políticos quedaron truncados por su asesinato en 1963.

El presidente Kennedy murió asesinado el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas, Estados Unidos. Lee Harvey Oswald fue arrestado y acusado del homicidio, pero fue asesinado dos días después por Jack Ruby, por lo que no pudieron someterlo a juicio. La Comisión Warren concluyó que Oswald había actuado solo en el asesinato. Sin embargo, el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos estimó en 1979 que pudo existir una conspiración en torno al asesinato. El tema ha sido muy debatido y existen múltiples teorías sobre el magnicidio. El crimen fue un momento imborrable en la historia de Estados Unidos debido a su traumático impacto en la memoria de la nación.
Muchos han considerado a Kennedy como un icono de las aspiraciones y esperanzas estadounidenses; en algunas encuestas realizadas en su país continúa siendo estimado como uno de los mejores presidentes de los Estados Unidos. La prematura muerte del presidente (cuya familia ha estado rodeada de un aura de fatalidad, pues diversos de sus miembros fallecieron en circunstancias trágicas) contribuyó a otorgar a su figura un carácter mítico.

La historia norteamericana del clan Kennedy al que pertenezco, se remonta a 1848, cuando un irlandés llamado Patrick Kennedy llegó a la prometedora tierra de los Estados Unidos y se estableció como tonelero. Uno de sus nietos, mi padre, Joseph Patrick Kennedy, se hizo cargo más de medio siglo después del discreto patrimonio reunido por su abuelo y por su padre y construyó con él una de las mayores fortunas de Norteamérica.

Un clan poderoso
Mi padre, Joseph Patrick Kennedy, llamado familiarmente Joe, mostró desde la infancia una gran aptitud para los negocios y un decidido deseo de medrar. Casado con Rose, mi madre, una emprendedora joven hija de John Fitzgerald, ex alcalde de Boston, comenzó a amasar su patrimonio en esta ciudad, cimentándolo en la administración de viviendas, la especulación en bolsa y la industria cinematográfica. Joe era astuto, frío y en extremo inteligente para los asuntos de dinero; como había ayudado a Roosevelt durante su campaña presidencial, consiguió durante el período de Ley Seca un permiso especial de importación de licores para "fines terapéuticos"; cuando sus bodegas estaban repletas, la ley fue derogada y Joe pudo despachar todo el licor comprado a bajo precio como si fuera oro. Al desatarse la crisis económica de 1929, fue de los pocos que salió a flote, e incluso pudo conseguir algunas ganancias.
Yo era uno de sus hijos, me llamaron John Fitzgerald como mi abuelo materno, y nací el 29 de mayo de 1917 en Brookline (Massachusetts). Yo era el segundo hermano de una larga prole compuesta por Joe, Rosemary, Kathleen, Eunice, Pat, Jean, Bobby y Teddy. Con el fin de prepararnos desde la más tierna infancia para convertirnos en verdaderos Kennedy, mi padre se encargó de fomentar en todos nosotros una firme disciplina y un sano espíritu de competencia: "No me importa lo que hagáis en la vida, pero hagáis lo que hagáis, sed los mejores del mundo. Si habéis de picar piedra, sed los mejores picapedreros del mundo."
Para mi, pronto estuvo claro que no tenía nada que hacer frente a mi hermano Joe, un muchachote musculoso, inteligente, de brillante verbo y gran magnetismo personal. Por el contrario, yo era más bien debilucho, tímido e introvertido. Mientras estudiaba en la Canterbury School de Connecticut y luego en la Universidad de Harvard, la sombra de Joe, "el preferido", planeó continuamente sobre mi conciencia. Al mismo tiempo que mi hermano cosechaba triunfos académicos en Gran Bretaña, contraje la hepatitis y me vi obligado a interrumpir mis estudios durante largas temporadas. Acabé por reponerme, pero a pesar de mis esfuerzos por destacar, nunca conseguí demasiados éxitos en las aulas. En Harvard sólo obtuve calificaciones destacables en la etapa final de mi carrera y únicamente en economía y ciencias políticas. El deporte conseguía interesarme más que estas disciplinas intelectuales y en ningún momento me sentí atraído por la carrera política, para la cual parecía estar destinado mi hermano mayor.
En 1932, cuando Franklin D. Roosevelt se presentó a las elecciones presidenciales, mi padre solventó su campaña decidido a probar fortuna en la carrera política. Consiguió ser presidente de la comisión federal de la marina mercante, y más tarde, en 1937, fue nombrado embajador en Gran Bretaña. Aquel descendiente de inmigrantes, ferviente católico y siempre ambicioso, había hecho una enorme fortuna y ahora triunfaba también en el ámbito de la política. Mi hermano mayor y yo le acompañamos a Europa en calidad de ayudantes y  pude viajar a la URSS, Turquía, Polonia, América del Sur y otras regiones, de cuya situación informé puntualmente al patriarca de mi familia.
Fue a raíz de esta gira cuando empecé a interesarme seriamente por la política. De regreso a los Estados Unidos me volqué en mis estudios y logré que mis calificaciones académicas mejoraran considerablemente. Me interesé por los distintos conflictos que desembocarían en la Segunda Guerra Mundial, y especialmente por la actitud de Gran Bretaña respecto a Europa. De todos esos apuntes surgió el tema de mi tesis, Why England slept (Por qué dormía Inglaterra), título tomado de los discursos de Churchill y que me valió una graduación magna cum laude en junio de 1940. Más adelante publiqué el libro que resumía esta investigación, y llegué a vender ochenta mil ejemplares.

Comandante en la Segunda Guerra Mundial
La vida optimista de los Kennedy sufrió, a partir de la Segunda Guerra Mundial, un fuerte viraje. La postura aislacionista de mi padre y su falta de colaboración con el gobierno británico nos obligaron a abandonar la embajada. Eran bien conocidas las simpatías de mi padre por el general Franco, y de regreso a Boston se ganó una merecida fama de antisemita por su animadversión hacia los numerosos judíos europeos refugiados en su tierra.
Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, mi hermano Joe se alistó en la aviación y yo quise ingresar en la marina, para lo que hube de vencer los obstáculos médicos derivados de una lesión en la espalda que había sufrido de niño. Tenía veinticinco años cuando recibí el nombramiento de comandante de una lancha torpedera que actuaba en el Pacífico.
Un joven Kennedy en uniforme de marina
Los dos oficiales y diez soldados a mis órdenes compartieron conmigo numerosos éxitos combatiendo contra los japoneses. Pero el día 2 de agosto de 1943, mientras cumplía una misión para la que me había ofrecido voluntario, un destructor japonés nos abordó en medio de la noche y partió la patrullera por la mitad. Dos tripulantes murieron en el choque. Los supervivientes permanecimos a la deriva durante quince horas y yo me comporté encomiablemente al arrastrar hasta la costa a uno de mis soldados herido en las piernas. Aunque hay quien ha atribuido el percance a una imprudencia mía, lo cierto es que fui considerado un héroe de guerra.
Mi convalecencia fue larga. Mi lesión dorsal se había agravado y pensé que mi maltrecho físico no estaba para demasiados sueños de gloria política. Sin embargo, el destino salió a mi encuentro: mi hermano Joe murió el 12 de agosto de 1944 en un accidente aéreo, cuando intentaba destruir las bases alemanas de las bombas volantes V-1 y V-2. Mi padre volvió sus ojos hacia mí y decidió que yo ocupase la vacante de Joe en la lucha por conquistar la presidencia de los Estados Unidos.
En 1945, terminada la guerra, comencé a trabajar de periodista y entonces cuando me hice corresponsal en el «imperio» Hearst y había cubierto ya varias conferencias internacionales, mi padre me expresó su deseo de que ocupase el puesto de Joe y me dedicase a la política. Tuve que aprender a dominar mi timidez y mi retraimiento para convertirme en un político profesional. Estrechar las manos de desconocidos, sonreír ante los periodistas y tener siempre en los labios una frase más o menos ingeniosa para ellos comenzó a ser mi pan de cada día. Mi amplia sonrisa, mi aspecto de niño y mis ojos melancólicos pronto encontraron adeptos en el seno del Partido Demócrata y entre los electores, fascinados por mi juventud y por mi imagen de brillante y honrado universitario. Después de una exhaustiva campaña en la que estuve siempre apoyado económica y doctrinalmente por mi familia, logré convertirme en 1946 en diputado del Partido Demócrata por Boston en la Cámara de Representantes y mantuve mi escaño en las elecciones de 1948 y 1950.

Una fulgurante carrera política
Ocupé rápidamente un lugar en la escena política estadounidense. Mi acción legislativa, sin embargo, fue discreta. Se caracterizó, primero, por una retroactiva desaprobación al gobierno Roosevelt y por la presentación de varios proyectos de contenido social, rechazados en la mayoría de los casos. Lo más destacable de esta primera etapa de mi vida política fue mi franco apoyo a todas las ayudas internacionales: el préstamo otorgado a Gran Bretaña, la ayuda a Grecia y Turquía, el Plan Marshall y otras medidas afines. En 1949 sorprendí con un discurso hostil a la política estadounidense llevada a cabo en China, a causa de la cual, afirmé que los Estados Unidos habían perdido la posibilidad de conseguir una China no comunista. El tono crítico a la política oficial y el encarnizamiento anticomunista que mostré se asemejaban al que, a partir de un año más tarde, emplearía el senador por Wisconsin Joseph McCarthy.
Kennedy en la convención demócrata de 1958
En abril de 1952, a mis treinta y cinco años, mi padre me instó a presentarme a senador por el estado de Massachusetts. De nuevo el clan se lanzó a una frenética actividad: se trataba de disputar el puesto a Henry Cabot Lodge, quien lo mantenía desde 1935. Corrieron ríos de tinta y dólares. Mis imágenes forraron el estado. La televisión emitía cada noche «El café en la casa de los Kennedy», donde se mostraba la unión y la fuerza de nuestro clan, la paz y la elegancia del hogar. Se celebraron banquetes en Palm Beach y Hyannis Port, nuestras dos fortalezas de Florida; millones de tarjetas navideñas personalizadas saturaban los correos; y nuestras obras de beneficencia (en especial, ayudas a centros de deficientes mentales, en uno de los cuales estaba internada mi hermana Rosemary) no dejaban de destacar en los periódicos.
A uno de esos banquetes invité a la reportera de un diario de Washington que había conocido un año antes: Jacqueline Lee Bouvier. Jacqueline no tardó en enamorarme a mí y a mi familia, pues combinaba a la perfección su belleza con sus conocimientos idiomáticos (hablaba varias lenguas), y el encanto de su origen francés con la dote de su padre, célebre financiero neoyorquino. La boda se celebró en Boston el 12 de septiembre de 1953; asistieron mil doscientos invitados, que formaron en cola para saludarnos. Mi esposa, Jacqueline Kennedy se convirtió desde ese día en una de mis mejores bazas para ser el futuro presidente.



La boda de John Kennedy y Jacqueline Bouvier

En octubre de 1954, me vi obligado a alejarme de la vida política. La antigua dolencia de espalda, por la que ya había sido intervenido, se agravó, y el uso de muletas (ocultas en el coche durante mis campañas) se hizo cada vez más necesario. Tuve que ser operado para unir mis vértebras descolocadas. Tras la operación, me recluí en Hyannis Port con cuantiosa documentación histórica de los archivos del Senado y dediqué mi tiempo a escribir un nuevo libro, Perfiles de coraje. La obra contenía ocho retratos de personajes políticos estadounidenses del siglo XIX y fue publicada un año después con éxito de crítica y público. En 1957 obtendría por esta obra el Premio Pulitzer. Pero mi enfermedad no remitía y, en febrero de 1955, debí someterme a una nueva intervención, tras la cual logré recuperarme. Volví a la vida pública dispuesto a presentar mi candidatura para la vicepresidencia del Partido Demócrata. Sin embargo, fui vencido por Estes Kefauver.
La abrumadora victoria de Eisenhower no amedrentó a los demócratas, que veían en mí el candidato idóneo para las elecciones presidenciales de 1960. Mi ausencia de Washington me benefició en cierto sentido, ya que en diciembre de 1954, cuando el Senado condenó a McCarthy, no me vio obligado a manifestarme ante los censores.
Según mi posterior colaborador Robert Sorensen, yo no aprobaba la mentalidad maccarthista, pero tampoco me adhería a los liberales. Mi hermano Bob había formado parte de la comisión presidida por McCarthy como consejero jurídico, y yo mismo la había integrado. A pesar de ello, nadie pareció oír a Eleanor Roosevelt cuando se preguntó de viva voz si los liberales podrían dar su voto a un hombre que ni siquiera había condenado a McCarthy.

Kennedy en campaña electoral
Pero los liberales, e incluso los no liberales, me lo dieron. En 1960 nuestro clan intensificó la actividad, pero el triunfo final fue una conquista personal mía. En los últimos años había hecho nuevas e influyentes amistades y estaba rodeado de eficaces colaboradores, recuperados en su mayoría de Harvard. Acababa de publicar mi tercer libro, La estrategia de la paz, y había tenido tiempo de profundizar en todos los temas de preocupante actualidad de mi país susceptibles de reforma. El núcleo de mi campaña electoral cristalizó en torno a la idea de una nueva época que había de iniciar América, la denominada "Nueva Frontera", que evocaba el espíritu pionero de la conquista del Oeste. Con mi sola presencia, empecé a infundir esperanzas de renovación a un país cansado de una administración anquilosada desde el New Deal de Roosevelt. Pulcro, levemente despeinado, paseé mi joven imagen por el mundo, junto a una Jackie en estado y con nuestra hija de tres años, Caroline. Con mi lema «Kennedy está en el cambio», arrasé en las elecciones primarias y, aunque por escasísimo margen, el 8 de noviembre logré la victoria sobre Nixon.


En la presidencia
Cuando el 21 de enero de 1961 tomé posesión de mi cargo, ya nadie dudaba que yo haría realidad mi lema. Una de mis primeras medidas fue recomendar la puesta en libertad del líder negro Martin Luther King, que cumplía una condena a trabajos forzados en Georgia. Más tarde, mi actuación en favor de la integración racial fue tildada de vacilante, pero pese al rechazo de que fuí objeto mi proyecto de ley de derechos civiles en el Congreso (en general todo proyecto mío encontró en el Congreso una fuerte oposición), dejé mi huella entre los negros, que llegaron a compararme con el mítico presidente Abraham Lincoln.

Kennedy en una alocución sobre los
derechos civiles (11 de junio de 1963)
En los mil treinta y siete días que goberné, dejé la impronta del cambio. Apenas instalado en el despacho oval, escoltado por Dean Rusk como secretario de Estado y de mi hermano Bob como fiscal general, mis medidas renovadoras se sucedieron. La ayuda federal al sistema educativo, el impulso que di a la cultura y a las artes y, sobre todo, el relanzamiento de la economía, que condujo a un marcado crecimiento del consumo y de las inversiones privadas (lo que, a su vez, permitió recuperar el retraso aerospacial del país respecto a la Unión Soviética) fueron sólo algunas de mis más célebres innovaciones.
Mi programa, de corte liberal, se basó fundamentalmente en la recuperación económica, la mejora de la Administración, la diversificación de los medios de defensa y el establecimiento de una alianza para el desarrollo integral del continente americano.

Este último objetivo se plasmó en la formación de un frente común con los países de Centro y Sudamérica, la llamada Alianza para el Progreso, cimentada en los siguientes puntos: 1) apoyo a las democracias contra las dictaduras; 2) concesiones de créditos a largo plazo; 3) estabilización de precios en la exportación; 4) programas de reforma agraria; 5) estímulos a la inversión privada; 6) ayuda técnica e intercambio de información y estudiantes; 7) control de armas, y 8) fortalecimiento de la Organización de Estados Americanos.

Para llevar adelante esta política, convoqué a los dirigentes del hemisferio invitándoles a unirse formalmente a la Alianza. Todos quedaron deslumbrados por mí, un joven cargado de ilusiones y de ideas de regeneración y reforma. Pero uno no acudió a la cita: Fidel Castro, que desde 1959 era jefe del gobierno cubano.
Con Eisenhower como presidente, la CIA ya había preparado un plan de invasión de la isla de Cuba, al tiempo que se adiestraban en Guatemala guerrillas anticomunistas. La ineptitud de los gobernantes norteamericanos había cerrado las puertas al dirigente cubano, empujándolo a radicalizar su revolución. Los Estados Unidos no habían hecho nada para ayudar a Cuba en su necesidad de progreso económico, y cuando llegué al poder era ya demasiado tarde.
Me resistí a aceptar el plan de ataque de la CIA en varias ocasiones, pero acabé cediendo ante las presiones de los militares. En abril de 1961 comenzó la operación, pero la resistencia de las tropas castristas y del pueblo cubano convirtieron el desembarco en la Bahía de Cochinos en un estrepitoso fracaso. Yo y mi administración sufrimos un duro golpe y Castro anunció que Cuba se había convertido en una república socialista; la invasión tuvo, pues, un efecto completamente opuesto al deseado.
Respecto a la URSS, intenté un cierto acercamiento que se visualizó en junio de 1961 en la entrevista con Nikita Kruschev que tuvo lugar en Viena. Pero la invasión abortada de la Bahía de Cochinos, la erección del muro de Berlín y, sobre todo, el descubrimiento de una base de misiles con carga nuclear en Cuba instalada por los soviéticos interrumpieron las negociaciones.

Kennedy firma la orden de bloqueo naval a Cuba
Mi temple se puso de manifiesto cuando exigí al dirigente soviético el desmantelamiento de aquellas bases; durante varios meses angustiosos se temió que el conflicto desencadenara una guerra nuclear, pero Kruschev terminó por ceder y la llamada crisis de los misiles acabó constituyendo un éxito indudable para mí.
A pesar de todo, posteriormente se produciría un entendimiento definitivo entre las dos superpotencias, plasmado en 1963 con la firma del Tratado de Moscú sobre el control y disminución de las pruebas nucleares en la atmósfera. En cuanto a la Alianza para el Progreso, destinada en principio a favorecer el surgimiento y consolidación de regímenes democráticos en el hemisferio americano, no impidió la extensión del militarismo ni el apoyo de los Estados Unidos a los gobiernos dictatoriales que respaldaron las posiciones de Washington. No hay que olvidar que la primera incursión de la CIA en Vietnam se llevó a cabo bajo mi mandato. Si mis fines eran indudablemente democráticos, no lo eran tanto los medios de lograrlos.

En 1963, Kennedy comencé a preparar el terreno para las siguientes elecciones e inicié una gira por diversas ciudades del país. El 22 de noviembre de 1963 yo y mi esposa, seguidos del vicepresidente Lyndon Johnson, entramos en Dallas. Era parte de mi campaña en la zona más reacia del país con vistas a mi reelección de 1964. Cuando recorría sus calles en un coche descubierto, unos disparos sonaron por encima de los vítores y segaron mi vida. Poco después moría en el hospital, desatando la consternación del mundo entero.
Según el informe Warren, el autor del magnicidio fue Lee Harvey Oswald, que desde lo alto de un edificio disparó con un fusil de repetición con mira telescópica. Sin embargo, subsistieron serias dudas sobre la exactitud de esta versión, y desde entonces han sido señalados como culpables desde la mafia hasta la sociedad racista Ku Klux Klan, pasando por los trust petrolíferos y armamentistas y la propia CIA. El enigma sigue abierto y probablemente nunca llegará a resolverse.
Kennedy y Jacqueline momentos antes del asesinato

El funeral de Kennedy



  1. CUARTA TAREA: ¿SE DERRUMBA UNO DE LOS DOS GIGANTES?

1. Introducción
Moscow: Mikhail Gorbachev ...
¿Para qué sirve la Historia?

La historia que hemos estudiado, la reciente nos sirve para entender los hechos actuales.
Fíjate que para realizar esta tarea vas a reflexionar sobre tres textos que han aparecido en la prensa digital durante el 2009. ¿Puedes explicarnos y explicarte que quieren decir?
2. Recursos necesarios
Te presentamos los textos y las páginas de enlace. Además contáis con el tema de clase.(a partir de la página 21)
3. Desarrollo de la Tarea
Reflexiona sobre  los tres textos que te presentamos. Para ello:
  • Como los tres pertenecen al mismo proceso histórico, realiza una introducción histórica común a los tres.
  • Realiza un resumen de cada uno de ellos y explica todo lo concerniente a los mismos, personajes, motivos, relaciones…
  • Por último, explica qué influencia han tenido o tienen los aspectos tratados en los textos en la actualidad.
¡Ánimo!

El primer texto

...¿Era posible reformar el comunismo soviético nacido en la Revolución de Octubre de 1917? ¿O, por el contrario, cualquier apertura política que permitiera la libertad de opinión y de pensamiento llevaba inevitablemente hacia la voladura del sistema?...El historiador británico Tony Judt, probablemente el mayor experto en la segunda mitad del siglo XX tras su monumental Postguerra (Taurus), lo tiene claro: "El comunismo era imposible de reformar", explica a Público. Y aclara: "Era imposible en la dirección que querían Gorbachov y Dubcek: una sociedad liberal, o liberalizada, una economía más o menos socialista, un Estado comunista sin el monopolio comunista del poder. Estos objetivos son contradictorios y no podían ser conseguidos por un partido cuya única razón de ser era tener el monopolio del poder político y económico".
Otra cosa, agrega Judt, sería reformar el sistema liberalizando la economía, que como muy bien ha demostrado China sí es posible. Pero en su opinión, el sueño de "comunismo en libertad" que en Occidente ensayaron sin llegar nunca al poder … era en realidad una ensoñación…
                                 Rusiñol en PUBLICO.ES, 5-11-2009 en http://www.publico.es/internacional/266903/quimera/reformar/sistema

  El segundo texto

El Kremlin podría haber iniciado la Tercera Guerra Mundial en 1989 si hubiera usado sus tropas para aplastar las manifestaciones que precedieron a la caída del Muro de Berlín, resaltó este martes el ex dirigente soviético Mijail Gorbachov, a quien se elogia en Occidente por ignorar a los más duros que le aconsejaron que garantizara el futuro de la URSS aplacando la creciente ola de disidencia en los países del este en el otoño de 1989.
Preguntado por un periodista sobre por qué no usó la fuerza para detener las manifestaciones, Gorbachov dijo que esto habría desencadenado una ola de catastróficos acontecimientos e incluso una guerra mundial. "Si la Unión Soviética lo hubiera deseado, no habría habido nada parecido (a la caída del Muro de Berlín) y ninguna unificación alemana, pero ¿qué habría ocurrido? Una catástrofe o una Tercera Guerra Mundial", consideró Gorbachov, de 78 años.
"Mi política era abierta y sincera, una política dirigida a utilizar la democracia y no derramar sangre. Pero esto me salió muy caro, eso sí lo puedo decir", comentó. La mayoría de los rusos critican a Gorbachov por su debilidad al haber permitido la caída de la Unión Soviética y la desaparición del imperio global que era.

  Por último, el tercer texto

...Y desde entonces la gran pregunta es: ¿Gorbachov derribó el Muro, o el Muro tumbó a Gorbachov? O bien, ¿las reformas de Gorby dinamitaron el bloque soviético o la URSS se derrumbó porque no pudo controlar su imperio?
Probablemente, las respuestas tengan que ser todas afirmativas.
La perestroika sólo pretendía reformar el fallido sistema económico centralizado
Cuando Gorbachov emprendió su perestroika (reconstrucción, en ruso), el mismo término empleado daba por supuesto que la Unión Soviética y sus satélites estaban en ruinas. La carrera armamentista de la Guerra Fría especialmente, el tirón final de la militarización espacial impulsada por Ronald Reagan había agotado las capacidades tecnológicas e industriales de la URSS, impidiendo un normal desarrollo económico y social de la población. Al mismo tiempo, el Kremlin mantenía una viciada relación con sus satélites en Europa del Este, que llevó a la paradoja de que a la metrópoli le salían muy caras sus colonias, como subrayaban todos los economistas soviéticos de la época, pues las subvencionaba con materias primas y recursos energéticos a bajo precio, recibiendo a cambio productos manufacturados de baja calidad...
...eso era a todas luces inviable y, al tiempo, inevitable. La revolución de las comunicaciones que hacía llegar las noticias, la realidad del otro lado del Muro, a cada rincón del planeta (mucho antes de Internet y de los móviles) y que impulsaba a los germano-orientales a buscar la huida hacia Occidente, fue el terremoto que socavó irremediablemente los cimientos del faraónico edificio soviético.
Pero la pregunta es, de nuevo: ¿se podía haber salvado? Lo mejor es que nos lo conteste Iván Ivanovich Antonovich, número dos del Partido Comunista de Rusia, quien me aseveró sin pestañear cuando lo entrevisté en la Plaza Vieja de Moscú, justo un año después de la caída del Muro que "la URSS fue el Estado burocrático más espantoso que jamás haya existido en la civilización europea". Y continuó:
"Hemos pagado muy caro mostrarle al mundo cuán incompetente puede llegar a ser ese sistema. Esa es nuestra colaboración única y singular a la civilización mundial que ustedes no aprecian. Porque sólo nosotros podíamos arriesgarnos a ello y no perecer en el empeño. Ninguna otra nación hubiera sido capaz de tolerarlo, porque sólo nuestros inmensos recursos humanos, naturales y culturales podían soportar sobre nuestras espaldas semejante vampiro chupa-sangre".
Nueve meses después de esa descripción (¡de un miembro del Politburó del PC ruso!), Gorbachov sufría el fallido golpe de Estado de los que pretendían perpetuar ese sistema catastrófico. Gorby fracasó porque trató de salvar la URSS reformándola y eso era imposible. Pero el mundo al otro lado del Muro tampoco era el paraíso que buscaban los que le pedían ayuda.


4. Formato y procedimiento de entrega
       Deberás redactar tus conclusiones en un documento drive.

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